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martes, 10 de agosto de 2010

Lidia, la Narradora - Elsa Tamez

Yo, Lidia, les voy a contar estas historias. Soy de Tiatira y vivo en Filipos. Pertenezco al movimiento de Jesús, el Cristo. No conocí personalmente a Jesús, su fundador, pero desde que escuché de él y su movimiento en Galilea por medio de Pablo y de Silas (Hchos. 16.11-40), decidí incorporarme a las comunidades cristianas que crecieron fuera de Palestina y que llevan en su seno el mismo espíritu del movimiento de Jesús, el galileo. Soy una mujer gentil convertida primero al judaísmo y ahora al cristianismo. Mi vida ha cambiado radicalmente desde que comencé a participar en las comunidades cristianas, que para mí son prolongaciones del movimiento de Jesús.


Como mujer, puedo afirmar que el movimiento de Jesús, dentro y fuera de Palestina, ha logrado que las mujeres sean consideradas personas dignas y capaces de participar en la comunidad en un plano de igualdad con los varones. Claro que hay discusiones y dificultades dentro de las mismas comunidades, pero no se puede negar que ha habido grandes avances en relación a participación de la mujer. De hecho, es nuestra presencia significativa, la de las mujeres, lo que está generando discusiones.


Cuando se escriben historias, casi siempre ocurre que a las mujeres no se nos toma en cuenta a pesar de que generalmente somos nosotras las que contamos las historias. Esto se debe a que las
sociedades, por ser patriarcales, ven como algo natural que sean los varones quienes escriben y hacen la historia. En la realidad concreta de cada día, la historia es diferente Las mujeres somos
muy activas. Me han llegado a los oídos muchas historias de mujeres del movimiento de Jesús en Galilea y Judea y, después, fuera de Palestina. Por otra parte, a mí no me gusta cuando escucho en nuestras reuniones historias acerca de Jesús acompañado solamente por hombres, de doce hombres, para ser más precisos.


Eso no es así. Entiendo que "doce" es un número simbólico que representa a las doce tribus guiadas por el Mesías Jesús, ¡pero también había mujeres acompañándolo todo el tiempo (Levítico 8.1- 3) Esas mujeres lo siguieron de Galilea a Jerusalén y estuvieron con él la semana que lo condenaron a muerte.


Las historias que conozco sobre las mujeres seguidoras de Jesús muestran dos cosas importantes' primero, que Jesús sintió una inclinación especial hacia los sectores marginados, como los de las mujeres, los pobres y todos los que padecen discriminación; segundo, que las mujeres encontraron en el movimiento de Jesús la esperanza de que las cosas pudiesen ser diferentes para ellas, pues siempre se las había hecho a un lado. Yo, Lidia, les voy a contar lo que sé acerca del movimiento de Jesús, el Cristo, y las mujeres valientes que lo siguieron. Voy a comenzar con las circunstancias dentro de las cuales surgió este movimiento.
Tomado de: Las Mujeres en el Movimiento de Jesús, el Cristo de Elsa Tamez

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